{"id":231,"date":"2024-03-12T18:46:26","date_gmt":"2024-03-12T18:46:26","guid":{"rendered":"https:\/\/micaias.org\/?p=231"},"modified":"2024-03-12T18:46:26","modified_gmt":"2024-03-12T18:46:26","slug":"los-presbiterianos-no-celebran-los-dias-festivos-incluyendo-semana-santa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/micaias.org\/?p=231","title":{"rendered":"Los presbiterianos NO celebran los d\u00edas festivos [Incluyendo Semana Santa]"},"content":{"rendered":"\n<p>Creemos, y ense\u00f1amos, en nuestros formularios p\u00fablicos, que &#8220;no hay un d\u00eda, bajo la dispensaci\u00f3n del Evangelio, mandado a santificarse, sino el d\u00eda del Se\u00f1or, que es el Sabbat cristiano&#8221;.<\/p>\n\n\n\n<p>Creemos, en verdad, y declaramos, en la misma f\u00f3rmula, que es tanto b\u00edblico como racional observar d\u00edas especiales de ayuno y acci\u00f3n de gracias, seg\u00fan lo dispongan las dispensaciones extraordinarias de la Divina Providencia. Pero estamos persuadidos de que incluso la observancia de estos d\u00edas, cuando se hacen observancias oficiales, que se repiten, por supuesto, en momentos particulares, cualquiera que sea el aspecto de la Providencia, est\u00e1 calculada para promover la formalidad y la superstici\u00f3n, m\u00e1s bien que la edificaci\u00f3n del cuerpo de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestras razones para considerar esta opini\u00f3n, son las siguientes:<\/p>\n\n\n\n<p>1. Estamos persuadidos de que no hay ninguna garant\u00eda b\u00edblica para tales observancias, ya sea por precepto o por ejemplo. No hay ning\u00fan indicio en el Nuevo Testamento de que tales d\u00edas fueran observados o recomendados por los ap\u00f3stoles, o por alguna de las iglesias de su tiempo. La menci\u00f3n de la Pascua, en Hechos 12: 4, no tiene aplicaci\u00f3n a este tema. Herodes era jud\u00edo, no cristiano; y, por supuesto, no ten\u00eda ning\u00fan deseo de honrar una solemnidad cristiana. El verdadero significado del pasaje es que el (como la m\u00e1s leve inspecci\u00f3n del original satisfar\u00e1 a todo lector inteligente) \u201cse propon\u00eda sacarle al pueblo despu\u00e9s de la pascua\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Creemos que las Escrituras no s\u00f3lo no garantizan la observancia de tales d\u00edas, sino que la descartan positivamente. Que alguien sopese imparcialmente Colosenses 2:16 y tambi\u00e9n, G\u00e1latas 4: 9, 10, 11; y luego diga si estos pasajes no indican evidentemente que el inspirado ap\u00f3stol desaprobaba la observancia de tales d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>3. La observancia de ayunos y fiestas, por direcci\u00f3n divina, bajo la econom\u00eda del Antiguo Testamento, no trae nada a favor de tales observancias bajo la dispensaci\u00f3n del Nuevo Testamento. Esa econom\u00eda ya no era vinculante, ni siquiera legal, despu\u00e9s de que se estableci\u00f3 la Iglesia del Nuevo Testamento. Ser\u00eda tan razonable abogar por el uso presente de la Pascua, el incienso y los holocaustos de la antigua econom\u00eda, que fueron confesadamente eliminados por la venida de Cristo, como argumentar a favor de las invenciones humanas, que tienen alguna semejanza con ellas, como obligatorias en la Iglesia cristiana.<\/p>\n\n\n\n<p>4. La historia de la introducci\u00f3n de los ayunos y fiestas por los primeros cristianos, habla mucho en contra tanto de su obligaci\u00f3n como de su car\u00e1cter edificante. Su origen fue indigno. Ellos fueron introducidos principalmente, por pol\u00edtica carnal, con el prop\u00f3sito de atraer a la Iglesia a jud\u00edos y gentiles, que hab\u00edan estado acostumbrados a las fiestas y a los d\u00edas festivos. Y desde el momento de su introducci\u00f3n, se convirtieron en se\u00f1al de contienda, o en los monumentos de la superstici\u00f3n mundana y degradante.<\/p>\n\n\n\n<p>Como no hab\u00eda d\u00edas santos, excepto el d\u00eda del Se\u00f1or, observados en la Iglesia Cristiana mientras viv\u00edan los Ap\u00f3stoles; y no se dio ninguna insinuaci\u00f3n de que ellos creyeran que hab\u00eda otro d\u00eda conveniente o deseable; Por lo tanto, no encontramos ning\u00fan indicio de que se haya adoptado tal observancia hasta el final del siglo II. Entonces, la celebraci\u00f3n de la Pascua dio lugar a una pol\u00e9mica; los cristianos asi\u00e1ticos suplicando por su observancia al mismo tiempo que estaba prescrita para la Pascua jud\u00eda, y sosteniendo que estaban apoyados en esto por la tradici\u00f3n apost\u00f3lica; mientras que la Iglesia de Occidente contendi\u00f3 por su celebraci\u00f3n declarada en un cierto domingo, e inst\u00f3, con igual confianza, a la tradici\u00f3n apost\u00f3lica a favor de su esquema. Sobre esta feroz e imp\u00eda controversia, S\u00f3crates, el historiador eclesi\u00e1stico, que escribi\u00f3 poco despu\u00e9s de la \u00e9poca de Eusebio, y comienza su historia donde \u00e9ste cierra su narraci\u00f3n; hablando de la controversia concerniente a la Pascua, se expresa as\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cNi los antiguos, ni los padres de los tiempos posteriores, quiero decir, los que favorec\u00edan la costumbre jud\u00eda, ten\u00edan motivos suficientes para contender tan ansiosamente sobre la fiesta de la Pascua; porque ellos no consideraban dentro de s\u00ed mismos que, cuando la religi\u00f3n jud\u00eda se transform\u00f3 en cristianismo, la observancia literal de la ley mosaica, y la sombra de las cosas venideras, cesaron por completo. Y esto lleva consigo su propia evidencia. Porque ninguna de las leyes de Cristo permite a los cristianos observar los ritos de los jud\u00edos. Es m\u00e1s, el Ap\u00f3stol lo ha prohibido con palabras claras, cuando abroga la circuncisi\u00f3n, y nos exhorta a no contender acerca de las fiestas y los d\u00edas festivos. Porque, escribiendo a los G\u00e1latas, les advierte que no observen los d\u00edas, los meses, los tiempos y los a\u00f1os. Y a los colosenses es tan claro como puede serlo, declarando que la observancia de tales cosas no era m\u00e1s que una sombra. Ni los Ap\u00f3stoles ni los Evangelistas han ordenado a los cristianos la observancia de la Pascua; pero han dejado el recuerdo de ella a la libre elecci\u00f3n y discreci\u00f3n de aquellos que se han beneficiado de tales d\u00edas. Los hombres guardan los d\u00edas festivos, porque en ellos disfrutan de descanso del trabajo y de las labores. Por lo tanto, sucede que en todos los lugares celebran, por su propia voluntad, el recuerdo de la pasi\u00f3n del Se\u00f1or. Pero ni nuestro Salvador ni sus ap\u00f3stoles nos han ordenado en ninguna parte que lo celebremos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><em>[S\u00f3crates, lib. 5, cap. 21.]<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed, pues, a un eminente escritor cristiano que floreci\u00f3 a principios del siglo V, que hab\u00eda hecho de la historia de la Iglesia su estudio particular; que declara expl\u00edcitamente que ni Cristo ni sus ap\u00f3stoles dieron ninguna orden, ni siquiera aprobaci\u00f3n para la observancia de los d\u00edas festivos; que fue introducida en la Iglesia por costumbre; y que en diferentes partes de la Iglesia hab\u00eda diversidad de pr\u00e1cticas con respecto a este asunto. Con respecto a la Pascua, en particular, esta diversidad fue llamativa. Tan pronto como o\u00edmos hablar de su observancia, comenzamos a o\u00edr hablar de la contienda y la interrupci\u00f3n de la comuni\u00f3n cristiana a causa de ella; algunos citan la autoridad de los Ap\u00f3stoles para celebrar esta fiesta en un d\u00eda; y otros, con la misma confianza, citando la autoridad de otros Ap\u00f3stoles para la elecci\u00f3n de un d\u00eda diferente: demostrando as\u00ed claramente que hab\u00eda error en alguna parte, y haciendo muy probable que todas las partes estuvieran equivocadas, y que ninguna de tales observancias en absoluto eran obligatorias para los cristianos.<\/p>\n\n\n\n<p>La fiesta Easter [Semana Santa en ingles], sin duda, fue introducida en el siglo II, en lugar de la Pascua, y en acomodaci\u00f3n al mismo prejuicio jud\u00edo que hab\u00eda dicho, incluso durante la era apost\u00f3lica: \u201cSi no os circuncid\u00e1is conforme al rito de Mois\u00e9s, no pod\u00e9is ser salvos\u201d. De ah\u00ed que se le llamara generalmente pascha, y pasch, de conformidad con el nombre de la fiesta jud\u00eda, cuyo lugar ocupaba. Parece haber recibido el t\u00edtulo de Easter en Gran Breta\u00f1a, por la circunstancia de que, cuando el cristianismo fue introducido en ese pa\u00eds, una gran fiesta pagana celebrada en la misma estaci\u00f3n del a\u00f1o, en honor de la diosa pagana Eostre, cedi\u00f3 su lugar a la fiesta cristiana, que recibi\u00f3, sustancialmente, el nombre de la deidad pagana. Se cree que el t\u00edtulo de Easter rara vez es utilizado sino solo por los brit\u00e1nicos y sus descendientes.<\/p>\n\n\n\n<p>Pocas fiestas se celebran en la Iglesia Romana, y en algunas Iglesias protestantes, con m\u00e1s inter\u00e9s y celo que la Navidad. Sin embargo, cuando Or\u00edgenes, a mediados del siglo III, afirma dar una lista de los ayunos y fiestas que se observaban en su \u00e9poca, no menciona la Navidad. De este hecho, Sir Peter King, en su &#8220;Investigaci\u00f3n sobre la Constituci\u00f3n y el culto, etc. de la Iglesia Primitiva&#8221;, etc., infiere que entonces no se observaba tal fiesta; y a\u00f1ade: &#8220;Parece improbable que ellos celebraran la natividad de Cristo, cuando no estaban de acuerdo sobre el mes y el d\u00eda en que naci\u00f3 Cristo&#8221;. Cada mes del a\u00f1o ha sido asignado por diferentes facciones y escritores de la Iglesia Cristiana como el tiempo de la natividad de nuestro Se\u00f1or; Y la ubicaci\u00f3n final de \u00e9sta, as\u00ed como de otros d\u00edas festivos, en el calendario eclesi\u00e1stico, se ajust\u00f3 m\u00e1s bien a principios astron\u00f3micos y matem\u00e1ticos, que a c\u00e1lculos s\u00f3lidos de la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>5. Pero los motivos y el modo de introducir la Navidad en la Iglesia cristiana hablan m\u00e1s fuertemente en contra de ella. Su verdadero origen fue este. Al igual que muchas otras observancias, fue tomada prestada de los paganos. La conocida fiesta pagana entre los romanos, distinguida con el t\u00edtulo de Saturnalia, porque fue instituida en honor de su legendaria deidad, Saturno, fue celebrada por ellos con el mayor esplendor, extravagancia y libertinaje. Fue, durante su continuaci\u00f3n, un tiempo de libertad e igualdad; el amo dej\u00f3 de gobernar, y el esclavo de obedecer; el primero sirviendo en su propia mesa al segundo, y someti\u00e9ndose a la suspensi\u00f3n de todo orden y al reinado de la diversi\u00f3n universal. La ceremonia de esta fiesta empezaba el 19 de diciembre, al encender una profusi\u00f3n de velas de cera en el templo de Saturno; y al suspender en su templo, y en todas sus moradas, ramas de laurel y varias clases de \u00e1rboles de pino. La Iglesia Cristiana, viendo la infeliz influencia moral de esta fiesta; percibiendo que sus propios miembros participaban con demasiada frecuencia en su libertinaje; y deseosa, si era posible, de efectuar su abolici\u00f3n, decret\u00f3 una fiesta, en honor del nacimiento de su Maestro, casi al mismo tiempo, con el prop\u00f3sito de reemplazarla. Al hacer esto, la pol\u00edtica era retener tantos de estos h\u00e1bitos que han prevalecido en las Saturnales como pudieran reconciliarse de alguna manera con la pureza del cristianismo. Hicieron de su nueva fiesta, por lo tanto, una temporada de relajaci\u00f3n y alegr\u00eda, de visitas alegres y regalos mutuos. As\u00ed, la Iglesia Romana tom\u00f3 prestadas de los paganos algunas de sus observancias m\u00e1s prominentes; y as\u00ed han sido adoptadas y continuadas por los protestantes algunas observancias de este origen.<\/p>\n\n\n\n<p>6. Siendo evidente, entonces, que los ayunos y fiestas oficiales no tienen garant\u00eda divina, y que su uso bajo la econom\u00eda del Nuevo Testamento es una mera invenci\u00f3n humana; podemos preguntar a aquellos que son amigos de su observancia, \u00bfqu\u00e9 l\u00edmites deben establecerse para su adopci\u00f3n y uso en la Iglesia Cristiana?&nbsp; Si es l\u00edcito introducir cinco de esos d\u00edas para la observancia oficial, \u00bfpor qu\u00e9 no diez, veinte o cien? Un peque\u00f1o n\u00famero de ellos fueron, en un per\u00edodo temprano, puestos en uso por hombres serios, que pensaban que de ese modo estaban prestando servicio a Dios y extendiendo el reino de la religi\u00f3n. Pero uno tras otro se fue a\u00f1adiendo, a medida que aumentaba la superstici\u00f3n, hasta que el calendario se llen\u00f3 de entre doscientos y trescientos ayunos y fiestas, o d\u00edas de santos, en cada a\u00f1o; interfiriendo as\u00ed materialmente con las pretensiones de la industria secular, y cargando la adoraci\u00f3n de Dios con una masa de observancias supersticiosas, igualmente hostiles a los intereses temporales y eternos de los hombres. Que el principio de una vez sea admitido, de que los d\u00edas establecidos de observancia religiosa, que Dios no ha ordenado en ninguna parte, pueden introducirse adecuadamente en el ritual cristiano, y, por paridad de razonamiento, todo aquel que, por buenos motivos, pueda efectuar la introducci\u00f3n de una nueva fiesta religiosa, est\u00e1 en libertad de hacerlo. Sobre este principio se construy\u00f3 la enorme masa de superstici\u00f3n que ahora distingue y corrompe a la Iglesia Romana.<\/p>\n\n\n\n<p>7. La observancia de d\u00edas santos no ordenados siempre se encuentra que interfiere con la debida santificaci\u00f3n del d\u00eda del Se\u00f1or. A los se\u00f1alamientos de Dios se suma la superstici\u00f3n. Y la superstici\u00f3n siempre se ha encontrado hostil a la obediencia genuina. Sus devotos, como los jud\u00edos de la antig\u00fcedad, siempre se han encontrado m\u00e1s tenaces en sus propias invenciones, en sus sue\u00f1os tradicionales, que en el c\u00f3digo de deberes revelado por Dios. De acuerdo con esto, tal vez no haya un hecho m\u00e1s universal e incuestionable que el de que los observadores celosos de las fiestas y festivales oficiales son caracter\u00edsticamente laxos en la observancia de ese d\u00eda que Dios ha apartado eminentemente para s\u00ed mismo, y en cuya santificaci\u00f3n penden todos los intereses vitales de la religi\u00f3n pr\u00e1ctica. As\u00ed fue entre los israelitas de la antig\u00fcedad. Ya en el siglo V, Agust\u00edn se queja de que la observancia supersticiosa de ritos no ordenados traicion\u00f3 a muchos en su tiempo, en un esp\u00edritu de irreverencia y negligencia hacia aquellos que fueron divinamente designados. As\u00ed es, notoriamente, entre los romanistas de la actualidad. Y as\u00ed, sin ninguna falta de caridad, puede decirse que es en toda comunidad religiosa en la que prevalece el celo por la observancia de d\u00edas festivos no ordenados. Es verdad, nos dicen muchos en esas comunidades, que la observancia de los d\u00edas festivos, dedicados a personas y acontecimientos particulares en la historia de la Iglesia, tiene una tendencia manifiesta y fuerte a aumentar el esp\u00edritu de piedad. Pero si esto es as\u00ed, podr\u00edamos esperar encontrar mucha m\u00e1s piedad b\u00edblica en la Iglesia Romana que en cualquier otra, ya que los d\u00edas festivos son diez veces m\u00e1s numerosos en esa denominaci\u00f3n que en el sistema de cualquier Iglesia Protestante. Pero, \u00bfes as\u00ed? Que decidan los que tienen ojos para ver y o\u00eddos para o\u00edr.<\/p>\n\n\n\n<p>Si los argumentos anteriores son en alguna medida bien fundamentadas; si no hay garant\u00eda en la Palabra de Dios para ninguna observancia de esta clase; si, por el contrario, las Escrituras los desalientan positivamente; si la historia de su introducci\u00f3n y aumento marcan un origen imp\u00edo; si, una vez que abrimos la puerta a tales invenciones humanas, nadie puede decir c\u00f3mo ni cu\u00e1ndo se puede cerrar; y si alguna vez se ha encontrado que la observancia de los d\u00edas, no se\u00f1alados por Dios, ejerce una influencia hostil en la santificaci\u00f3n de ese d\u00eda santo que Dios ha se\u00f1alado, seguramente no necesitamos m\u00e1s pruebas de que es sabio descartarlos de nuestro sistema eclesi\u00e1stico.<\/p>\n\n\n\n<p>por Samuel Miller, Profesor de Historia Eclesi\u00e1stica y Gobierno de la Iglesia en el Seminario Teol\u00f3gico de Princeton, de 1813 a 1850.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Creemos, y ense\u00f1amos, en nuestros formularios p\u00fablicos, que &#8220;no hay un d\u00eda, bajo la dispensaci\u00f3n del Evangelio, mandado a santificarse, sino el d\u00eda del Se\u00f1or, que es el Sabbat cristiano&#8221;. 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