{"id":237,"date":"2024-03-23T21:41:47","date_gmt":"2024-03-23T21:41:47","guid":{"rendered":"https:\/\/micaias.org\/?p=237"},"modified":"2024-03-23T21:41:47","modified_gmt":"2024-03-23T21:41:47","slug":"el-deber-y-el-adorno-apropiados-del-sexo-femenino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/micaias.org\/?p=237","title":{"rendered":"El deber y el adorno apropiados del sexo femenino"},"content":{"rendered":"\n<p>Hab\u00eda entonces en Jope una disc\u00edpula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hac\u00eda. Hechos 9:36.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia sagrada difiere de la profana en una variedad de detalles importantes. Esta \u00faltima se emplea principalmente en exhibir las luchas de la ambici\u00f3n, los triunfos del poder y el resplandor de los honores manchados de sangre; La primera se detiene m\u00e1s en los deberes de la vida privada, y especialmente en los dones de mansedumbre, humildad y recato del cristiano. El uno presenta un cuadro espl\u00e9ndido, pero no siempre fiel, que est\u00e1 calculado para satisfacer la curiosidad y halagar el orgullo; el otro despliega el coraz\u00f3n, despliega su car\u00e1cter en toda la sencillez y correcci\u00f3n de la verdad, y nos presenta ejemplos apropiados para la imitaci\u00f3n de toda \u00e9poca, sexo y condici\u00f3n humana.<\/p>\n\n\n\n<p>La porci\u00f3n de historia sagrada que tenemos ante nosotros comprende, dentro de un comp\u00e1s muy peque\u00f1o, mucho material para la reflexi\u00f3n. Exhibe un car\u00e1cter y una serie de circunstancias de las que podemos aprender en todo momento una variedad de lecciones importantes, pero que son particularmente aplicables a nuestro prop\u00f3sito presente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cHab\u00eda entonces en Jope\u201d, una ciudad portuaria en el Mediterr\u00e1neo, a unas treinta y cuatro millas al noroeste de Jerusal\u00e9n, \u201ccierta mujer llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas\u201d. El primero de estos nombres es una palabra sir\u00edaca, que significa corzo o cervatillo; esta \u00faltima, una palabra griega, del mismo significado. Esta mujer era \u201cuna disc\u00edpula\u201d. Es decir, hab\u00eda abrazado el Evangelio y vivido bajo su poder. Su religi\u00f3n no consist\u00eda simplemente en \u201cllamar a Cristo, Se\u00f1or, Se\u00f1or\u201d. Ella testificaba la sinceridad de su fe por medio de una vida y conversaci\u00f3n santa. Ella \u201cabundaba en buenas obras y en limosnas que hac\u00eda\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la piedad m\u00e1s sincera y ejemplar no es una defensa contra los ataques de la enfermedad y la muerte. Todos mueren, porque todos han pecado. \u201caconteci\u00f3 que en aquellos d\u00edas\u201d, es decir, cuando el ap\u00f3stol Pedro estaba predicando en Lida, una ciudad vecina, que Dorcas \u201cenferm\u00f3 y muri\u00f3\u201d. Inmediatamente despu\u00e9s de su muerte, las piadosas viudas y otros disc\u00edpulos, que la hab\u00edan atendido durante su enfermedad, despu\u00e9s de haber cuidado decente y respetuosamente el cad\u00e1ver, enviaron mensajeros al ap\u00f3stol, rog\u00e1ndole que viniera a ellos sin demora. Ya sea que anticiparan que resucitar\u00eda a su difunta amiga de entre los muertos, o que s\u00f3lo esperaban que asistiera al funeral y los consolara en su duelo, apenas tenemos motivos para conjeturas. De todos modos, al mandar llamar al Ap\u00f3stol, manifestaron a la vez su afecto y respeto por la difunta, y un gusto por la instrucci\u00f3n y conversaci\u00f3n evang\u00e9licas de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas conozco nada en este mundo m\u00e1s deseable o m\u00e1s gratificante que la amistad, los consuelos y los amables oficios de los piadosos; y especialmente en el d\u00eda de la prueba, y en la hora de la muerte. En \u00e9pocas de este tipo, los alegres y los mundanos tienden a huir de nosotros. Pero incluso si nos dan su presencia, \u00bfde qu\u00e9 servir\u00e1? \u00a1Ay! \u2014\u00bfMiserables consoladores son todos ellos? \u00bfQu\u00e9 pueden decirnos de ese evangelio que ha derramado el d\u00eda eterno en \u201cla noche del sepulcro\u201d, o de esa \u201csangre que limpia de todo pecado\u201d? \u00bfQu\u00e9 pueden decirnos de las \u201cgrand\u00edsimas y preciosas promesas\u201d, de la \u201cconsolaci\u00f3n eterna\u201d y de la \u201cbuena esperanza por medio de la gracia\u201d? Cuando llegue mi \u00faltima hora, \u00a1Que amigos piadosos rodeen mi cama! \u00a1Que los que temen a Dios y tienen inter\u00e9s en el trono de la gracia, dirijan mis temblorosas aspiraciones a Jes\u00fas, el amigo de los pecadores! \u00a1Que manos piadosas cierren mis ojos! \u00a1Y que \u201chombres devotos me lleven, como Esteban, a mi entierro!\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>El santo Ap\u00f3stol, al recibir la invitaci\u00f3n, entr\u00f3 inmediatamente en el esp\u00edritu de la piadosa amistad que le hab\u00eda llamado, y sigui\u00f3 a los mensajeros sin demora. Cuando lleg\u00f3 a la morada que hab\u00eda sido adornada recientemente con la piedad y la beneficencia activa de Dorcas, encontr\u00f3 sus restos sin vida tendidos en una \u201csala\u201d y rodeados de viudas enlutadas. Al entrar en el aposento, se reunieron a su alrededor, \u201cllorando y mostrando las t\u00fanicas y los vestidos que Dorcas hac\u00eda cuando estaba con ellas\u201d. Es probable, por el tenor de la narraci\u00f3n, que estas piadosas viudas hubieran sido ellas mismas los objetos de las limosnas de ella; y que los abrigos y otras prendas con que entonces estaban vestidos, hab\u00edan sido hechos por las manos, y otorgados por la generosidad de su difunta benefactora. Estos se los mostraron al ap\u00f3stol, como testimonios de su car\u00e1cter ben\u00e9volo, y como causas para lamentar su partida. \u00a1Elogio sencillo, pero conmovedor y elocuente! \u00a1Oh, cu\u00e1nto m\u00e1s precioso para la mente ingenua es ser embalsamado en la memoria de los virtuosos y sabios, que ser conmemorado por el m\u00e1rmol esculpido o la pir\u00e1mide grande! Cu\u00e1nto mejor que todo el resplandor de la her\u00e1ldica, o la \u201cpompa del poder\u201d, que se diga acerca de nosotros, cuando ya no estamos: \u201cAh\u00ed yace uno que me dio de comer cuando tuve hambre; que me visti\u00f3 cuando estaba desnudo; que ilumin\u00f3 mi mente con conocimiento celestial y me se\u00f1al\u00f3 el camino de la vida eterna\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El Ap\u00f3stol, habiendo presenciado estas l\u00e1grimas y contemplado estos memoriales, pidi\u00f3 a los dolientes que se retiraran, para evitar toda apariencia de ostentaci\u00f3n en el milagro que estaba a punto de realizar; y para que con m\u00e1s perfecta libertad derramara su alma en oraci\u00f3n. Cuando se retiraron, \u201cse puso de rodillas y or\u00f3; y volvi\u00e9ndose al cuerpo, dijo: Tabita, lev\u00e1ntate. Y ella abri\u00f3 los ojos, y al ver a Pedro, se incorpor\u00f3. Y \u00e9l, d\u00e1ndole la mano, la levant\u00f3; entonces, llamando a los santos y a las viudas, la present\u00f3 viva\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQui\u00e9n puede describir la sorpresa y el gozo de los asistentes al ver a su amable amiga restaurado a la vida y a la utilidad? Sobre todo, \u00bfqui\u00e9n puede describir las emociones mezcladas de arrepentimiento y placer, que deben haber llenado la mente de Dorcas, al verse devuelta a un mundo que hab\u00eda supuesto haber abandonado para siempre? y otra vez unida a compa\u00f1eros a quienes hab\u00eda esperado no volver a ver hasta que se unieran a ella en el para\u00edso de Dios? No me atrevo a intentar la tarea. Dejando, pues, este tema de la meditaci\u00f3n, que, por muy interesante que sea, no puede servir a ning\u00fan prop\u00f3sito pr\u00e1ctico importante,<\/p>\n\n\n\n<p>Me apresuro a emplear el ejemplo de esta excelente mujer como base de algunas observaciones muy breves y generales sobre el deber y el ornamento apropiados del sexo femenino.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aqu\u00ed no me detendr\u00e9 a indagar si el car\u00e1cter nativo de la mente femenina es, en todos los aspectos, exactamente el mismo que el del otro sexo. Cualquiera que sea la opini\u00f3n que se forme sobre este tema, doy por sentado, todos estaremos de acuerdo en que las mujeres no deben ser consideradas destinadas a los mismos empleos que los hombres; y, por supuesto, que hay una especie de educaci\u00f3n y una esfera de acci\u00f3n que les pertenecen m\u00e1s particularmente. Hubo un tiempo, en efecto, en que una doctrina muy diferente ten\u00eda muchos defensores y parec\u00eda estar haci\u00e9ndose popular: a saber, que en la conducci\u00f3n de la educaci\u00f3n y en la selecci\u00f3n de empleos, todas las distinciones de genero deb\u00edan ser olvidadas y confundidas; y que las mujeres est\u00e1n tan bien preparadas para ocupar la silla acad\u00e9mica, para brillar en el Senado, para adornar el tribunal de justicia, e incluso para dirigir el tren de guerra, como el genero m\u00e1s resistente. Esta ilusi\u00f3n, sin embargo, es ahora generalmente descartada. Comienza a percibirse que el Dios de la naturaleza ha levantado barreras eternas contra tan descabelladas y maliciosas especulaciones; y que apremiarlos es renunciar a la raz\u00f3n, contradecir la experiencia, pisotear la autoridad divina y degradar la utilidad, el honor y los deleites reales del sexo femenino.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero un error de tipo diferente ha ganado una lamentable popularidad en el mundo. Esto significa que la posici\u00f3n de las mujeres es tan humilde y su esfera de trabajo tan extremadamente limitada, que no pueden, ni deben, aspirar a una gran utilidad. Este es el error de la indolencia, o de la falsa humildad; y est\u00e1 tan claramente contradicho por la raz\u00f3n, por las Escrituras y por la experiencia, como el extremo antes mencionado. Mientras que las mujeres son excluidas por la autoridad expresa de Dios de algunos oficios, y por el sentido com\u00fan de la humanidad de otros; todav\u00eda hay abierto para ellos un inmenso campo para la actividad m\u00e1s digna, en la cual pueden glorificar a Dios, prestar un servicio esencial a la sociedad y obtener honor eterno para s\u00ed mismos.<\/p>\n\n\n\n<p>A menudo tenemos ocasi\u00f3n, desde el escritorio sagrado, de exhibir en contraste las representaciones de las Escrituras y los sentimientos de un mundo depravado. Este contraste rara vez aparece bajo una luz m\u00e1s fuerte que en el tema del que estamos hablando. En los c\u00f3digos de la infidelidad y el libertinaje modernos, as\u00ed como entre las naciones incivilizadas, la mujer se exhibe como el mero instrumento servil de la conveniencia o el placer. En el volumen de la Revelacion se la representa como la igual, la compa\u00f1era y la ayuda id\u00f3nea del hombre. En el lenguaje del gusto mundano, una mujer buena es aquella que se distingue por sus encantos personales y sus logros corteses. En el lenguaje de las Escrituras, ella es la ama ilustre y virtuosa de una familia, y el miembro \u00fatil de la sociedad. La mujer que se forma sobre los principios del mundo, no encuentra placer sino en los c\u00edrculos de la opulencia, la alegr\u00eda y la moda. La mujer que es formada sobre los principios de la Biblia, \u201cva y hace buenas obras; visita a los hu\u00e9rfanos y a las viudas en su aflicci\u00f3n; extiende sus manos a los pobres, s\u00ed, extiende sus manos a los necesitados\u201d. La una se viste con elegancia y brilla en el baile: la otra \u201cAbre su boca con sabidur\u00eda, Y la ley de clemencia est\u00e1 en su lengua\u201d; y su adorno m\u00e1s preciado no es \u201cni oro, ni perlas, ni vestidos costosos; sino con buenas obras, y el ornato de un esp\u00edritu afable y apacible\u201d. Las horas de la una se dividen entre desordenes, convivios, fiestas, teatros y los naipes; la otra \u201cConsidera los caminos de su casa, Y no come el pan de balde\u201d. \u201cla actividad de la una es el placer; El placer de la otra es la actividad. La una es admirada en el extranjero; la otra es amada y honrada en casa\u201d. \u201cSe levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; Y su marido tambi\u00e9n la alaba Enga\u00f1osa es la gracia, y vana la hermosura; La mujer que teme a Jehov\u00e1, esa ser\u00e1 alabada.\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>De estas representaciones de las Sagradas Escrituras, y de muchas otras de importancia similar, se deduce que el ornamento y el deber del sexo femenino son tan apropiados como importantes, y que pertenecen especialmente a las relaciones que mantienen como esposas, como madres, como compa\u00f1eras en casa y como miembros de la sociedad. Sobre cada una de estas relaciones, se abre a nuestra mirada un extenso campo de investigaci\u00f3n; pero s\u00f3lo es posible echar una r\u00e1pida ojeada a cada uno de ellos, en el orden en que han sido mencionados.<\/p>\n\n\n\n<p>I. \u00a1Cu\u00e1n interesantes e importantes son los deberes que se confieren a las mujeres como esposas! De su temperamento y conducta, m\u00e1s que de los de cualquier otro individuo, depende que sus maridos sean felices o desdichados; si las casas que presiden son bien ordenadas y regulares, o descuidadas y miserables; si los bienes de sus socios se aplican sabia y econ\u00f3micamente, o se despilfarran descuidada e ignominiosamente; en una palabra, si la paz, el afecto, el orden y la abundancia reinan en sus moradas, o si el despilfarro, la confusi\u00f3n, la discordia y la alienaci\u00f3n los deshonran. Las mujeres han sido honradas a menudo con el t\u00edtulo de \u00e1ngeles. Si alguna vez es apropiado aplicar tal apelativo a una hija de una raza ca\u00edda, seguramente no hay mortal a quien se aplique tan apropiadamente, como a una esposa prudente, virtuosa y amable, consejera y amiga de su esposo; que hace su esfuerzo diario para aligerar las preocupaciones de \u00e9l, calmar sus penas y aumentar sus alegr\u00edas; que, como un \u00e1ngel de la guarda, vela por sus intereses, le advierte de los peligros, le consuela en las pruebas; y por su conducta piadosa, asidua y atractiva, se esfuerza constantemente por hacerlo m\u00e1s virtuoso, m\u00e1s \u00fatil, m\u00e1s honrado y m\u00e1s feliz. Las bendiciones que una mujer as\u00ed es capaz de conferir a su pareja, y a trav\u00e9s de \u00e9l, a la sociedad, son m\u00e1s numerosas y diversificadas de lo que un volumen ser\u00eda suficiente para mostrar. \u00a1En cu\u00e1ntos casos hemos conocido esposas de este car\u00e1cter que se han convertido en el medio de ganar a sus esposos incr\u00e9dulos para la obediencia de la fe! Cuando este es el caso, \u00bfqui\u00e9n puede estimar la grandeza de la bendici\u00f3n? Como la luz del d\u00eda, derrama su influencia benigna sobre cada miembro del c\u00edrculo dom\u00e9stico favorecido; y siempre permanente en sus efectos, se extiende a trav\u00e9s de las edades eternas.<\/p>\n\n\n\n<p>II. No menos numerosos y pesados son los deberes confiados a las mujeres como madres. Los ni\u00f1os, durante los primeros a\u00f1os de su vida, se entregan necesariamente casi por completo al cuidado de las madres. Y las impresiones que entonces se hacen en sus tiernas mentes, generalmente deciden su car\u00e1cter y destino, no s\u00f3lo para esta vida, sino tambi\u00e9n para la venidera. En ese tiempo blando y maleable, cuando se forman el temperamento, los principios y los h\u00e1bitos; cuando el coraz\u00f3n est\u00e1 profundamente impresionado; cuando la conciencia es tierna; cuando todo el car\u00e1cter es d\u00factil; cuando se puede decir que casi todo, excepto la regeneraci\u00f3n del coraz\u00f3n, est\u00e1 dentro del poder de un padre para otorgar; Y cuando incluso el logro de este m\u00e1s grande de todos los dones tiene una conexi\u00f3n m\u00e1s estrecha con la fidelidad paterna de lo que generalmente se imagina, este es, enf\u00e1ticamente, el per\u00edodo del imperio materno. La suya es la placentera, la important\u00edsima tarea, de velar por los a\u00f1os infantiles de su prole; para protegerlos de los mil peligros a que est\u00e1n expuestos; formar una mente sana en un cuerpo sano; susurrar en sus o\u00eddos atentos los sentimientos de virtud y piedad; y prepararlos para vivir para Dios, para su pa\u00eds y para s\u00ed mismos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre esta base, no tengo escr\u00fapulos en confesar mi convicci\u00f3n de que, en todo el asunto de la educaci\u00f3n, la madre es el tutor m\u00e1s importante. Tal vez pueda decirse, sin extravagancia, que al sexo femenino le corresponde preeminentemente la poderosa tarea, en la medida en que depende de la acci\u00f3n humana, de formar las mentes y los corazones de la gran masa de la humanidad. A ellos les corresponde hacer de sus familias las guarder\u00edas del cielo o del infierno. Su fidelidad ilustrada o su negligencia criminal, decidir\u00e1n, bajo Dios, el car\u00e1cter de esos futuros ciudadanos, de cuyas virtudes depender\u00e1n todos los intereses de la rep\u00fablica; de aquellos legisladores en cuya sabidur\u00eda debe descansar el car\u00e1cter de nuestras leyes; de aquellos magistrados, con cuya erudici\u00f3n y principios rectos debe sostenerse o caer toda la estructura de la justicia p\u00fablica; y de aquellos ministros del evangelio, en cuya ortodoxia y piedad puede suspenderse la salvaci\u00f3n de millones, hablando a la manera de los hombres. Es as\u00ed como la fidelidad o negligencia materna es la ra\u00edz de la felicidad social. Es as\u00ed como las madres pueden ser el medio de transmitir bendiciones o calamidades, de incalculable extensi\u00f3n, a generaciones lejanas.<\/p>\n\n\n\n<p>III. Toda relaci\u00f3n dom\u00e9stica que sostengan las mujeres puede considerarse como una esfera de trabajo apropiada e importante para ellas. La gran y permanente utilidad en la vida dom\u00e9stica no se limita de ninguna manera a las esposas y madres. La mujer que no sostiene ninguna de estas relaciones honorables e interesantes, puede ser eminentemente \u00fatil. \u00a1Cu\u00e1nto puede cada hija, por medio de una conducta uniformemente obediente y afectuosa para con sus padres, promover la felicidad de toda la casa a la que pertenece! y con su ejemplo contribuir a la mejora de todo lo que la rodea! \u00a1Cu\u00e1nto bien puede lograr diariamente cada hermana, empleando diligentemente sus talentos, ayudando a educar a sus hermanos y hermanas menores, promoviendo la regularidad, el orden y la comodidad de la familia de la que es miembro, y recomendando de inmediato, con toda su conducta, la sabidur\u00eda de la econom\u00eda y la dulzura de la benevolencia!&nbsp; \u00a1Y la pureza de la santidad! M\u00e1s a\u00fan, \u00a1cu\u00e1nto puede contribuir cada sirvienta a la ventaja de la familia en la que est\u00e1 echada su suerte! Fue una doncella de la casa de Naam\u00e1n, el sirio, quien dirigi\u00f3 a su amo al profeta del Se\u00f1or, por quien su lepra fue sanada, y por cuyo ministerio se convirti\u00f3 a la religi\u00f3n verdadera. Y si la historia de muchas familias se abriera a nuestra vista, \u00a1cu\u00e1n a menudo ver\u00edamos que el lenguaje piadoso y el santo ejemplo de alguna sierva inferior fueran una bendici\u00f3n para m\u00e1s de uno de aquellos a quienes serv\u00eda!<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo tanto, toda mujer que, en cualquier capacidad, forme parte de cualquier establecimiento dom\u00e9stico, ya sea que presida como su cabeza o sirva como su sirviente m\u00e1s humilde, tiene en su poder hacer el bien, en una medida que es prerrogativa de la Omnisciencia estimar solamente. Ellas tienen medios y oportunidades de utilidad peculiares a su sexo y posici\u00f3n, medios y oportunidades que, si se mejoran fielmente, no pueden dejar de producir, de acuerdo con la promesa divina, un rico resultado de bendici\u00f3n. La lengua de la elocuencia, en efecto, nunca puede pronunciar su elogio, ni la pluma de la historia registrar sus hechos. Pero en la \u201cher\u00e1ldica del cielo\u201d, en la que ser bueno es mejor que ser grande, y ser \u00fatil es mejor que brillar, ella puede ocupar un lugar m\u00e1s ilustre y honorable que muchos de los que han empu\u00f1ado el cetro del imperio y han llenado el mundo con el trueno de su fama.<\/p>\n\n\n\n<p>IV. Las mujeres han puesto ante s\u00ed un campo amplio y apropiado de actividad \u00fatil, como miembros de la sociedad. Que ninguna mujer imagine que no tiene nada que hacer m\u00e1s all\u00e1 de la esfera de su propia casa. En cada paseo, y en cada hora de la vida, puede estar contribuyendo algo a la pureza, al orden y a la felicidad de la comunidad a la que pertenece. La influencia del car\u00e1cter femenino en la formaci\u00f3n del gusto p\u00fablico y de los modales p\u00fablicos es incalculable. Se ha sentido y reconocido en todas las \u00e9pocas. De esta influencia, cada mujer, cualesquiera que sean sus talentos o su posici\u00f3n, posee una parte; y por toda su conducta est\u00e1 confiriendo un beneficio o un perjuicio a la sociedad. Est\u00e1 en el poder de las mujeres, exhibiendo constantemente la dignidad de la virtud y los atractivos de la piedad, reprimir la impertinencia, pulir la aspereza y fruncir el ce\u00f1o remover, en muchos casos, desaparecer, los vicios del sexo opuesto. Est\u00e1 en poder de las mujeres, por ejemplo y por precepto, regular a su antojo los decoros del vestido, la pureza de los modales y todos los h\u00e1bitos de la parte m\u00e1s joven e inexperta de su propio sexo. En una palabra, est\u00e1 en el poder de las mujeres, hasta un punto del que pocas de ellas parecen ser conscientes, el descartar y desterrar esas costumbres perniciosas que, de vez en cuando, muestran sus formas de hidra en la sociedad, y para ejercer una tutela muy eficiente sobre el gusto y la virtud p\u00fablicos. Ning\u00fan sentimiento falso puede tener tanta prevalencia contra el cual resueltamente ponen sus rostros. Ninguna pr\u00e1ctica corrupta puede ser general o popular que ellas est\u00e9n dispuestas a expulsar de la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa felicidad humana\u201d, dice un escritor moderno, \u201ces en general, mucho menos afectada por acontecimientos grandes, pero poco frecuentes, ya sean de prosperidad o de adversidad, de beneficio o de perjuicio, que, por incidentes peque\u00f1os, pero perpetuamente recurrentes de bien o mal. La manera en que se siente la influencia del personaje femenino pertenece a esta \u00faltima descripci\u00f3n. No es como la crecida peri\u00f3dica de un r\u00edo que, una vez al a\u00f1o, cubre un desierto con abundancia transitoria. Es como el roc\u00edo del cielo, que desciende en todas las estaciones, regresa despu\u00e9s de cortos intervalos y nutre permanentemente cada hierba del campo\u201d. [Gisborne. Deberes del sexo femenino, p. 8.]<\/p>\n\n\n\n<p>Al sexo femenino pertenece tambi\u00e9n una gran parte de los oficios de caridad a los que estamos constantemente llamados. Para dar de comer al hambriento y vestir al desnudo; \u201cLlorar con los que lloran\u201d, ablandar el lecho de la enfermedad y enjugar las l\u00e1grimas del dolor, son deberes que nos incumben a todos. Pero pertenecen m\u00e1s particularmente al sexo tierno. Son las que mejor conocen las necesidades dom\u00e9sticas. Son las mejores jueces del car\u00e1cter dom\u00e9stico. Tienen m\u00e1s simpat\u00eda, m\u00e1s ternura, m\u00e1s espacio y m\u00e1s paciencia que los hombres; y, por diversos motivos, son m\u00e1s capaces de desempe\u00f1ar estos deberes con facilidad para s\u00ed mismas y con ventaja para los objetos de su caridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto es sin duda suficiente para excitar toda la ambici\u00f3n y emplear todos los talentos de una mente razonable. \u00bfY si las mujeres no pueden estar en el sagrado Escritorio, ni sentarse en el Estrado de la justicia? \u00bfY si no pueden emplearse en la elaboraci\u00f3n de leyes, ni en la realizaci\u00f3n de misiones diplom\u00e1ticas, ni en la organizaci\u00f3n o gobierno de las naciones? Ellas pueden contribuir m\u00e1s con sus virtudes y su influencia a unir a la sociedad, que todas las leyes que los legisladores hayan formado. Est\u00e1n llamadas a deberes que no s\u00f3lo son dignos de los poderes m\u00e1s elevados; pero que tienen esta ventaja preeminente, que, si bien est\u00e1n inmediatamente calculadas para mejorar los corazones de los que las realizan, tambi\u00e9n tienden a refinar y elevar el car\u00e1cter humano en general, y a hacer que la tierra se parezca m\u00e1s al para\u00edso de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>1. Perm\u00edtaseme aplicar este tema, deduciendo de lo que se ha dicho, la indecible importancia de la educaci\u00f3n femenina. Si el personaje femenino es tan importante, entonces la formaci\u00f3n de ese personaje debe serlo igualmente. Si la educaci\u00f3n en general es la base de la felicidad individual, dom\u00e9stica y nacional, este es especialmente el caso de la educaci\u00f3n femenina. Es una preocupaci\u00f3n en la que est\u00e1n en juego los m\u00e1s altos intereses de la humanidad. Involucra el principio vital del bienestar social. Y seg\u00fan se atienda o se descuide; seg\u00fan se busque sabia o err\u00f3neamente, la felicidad p\u00fablica y privada ser\u00e1 alimentada o envenenada en su ra\u00edz. De la educaci\u00f3n de la mujer depende, bajo Dios, si ser\u00e1 la m\u00e1s \u00fatil o la m\u00e1s berrinchuda de las mortales; si ella ser\u00e1 la bendici\u00f3n m\u00e1s inestimable de la sociedad humana, o \u201cel azote m\u00e1s terrible de la visitaci\u00f3n del Todopoderoso\u201d. \u2014\u00a1Pensamiento solemne! \u00a1Cu\u00e1n profundamente debe el tema ocupar la atenci\u00f3n, interesar el coraz\u00f3n, excitar las oraciones y animar la diligencia de cada padre!<\/p>\n\n\n\n<p>Somos, tal vez, m\u00e1s sabios que nuestros padres, por haber aprendido a apreciar m\u00e1s justamente que ellos los talentos de las mujeres, y por haber ideado planes de educaci\u00f3n m\u00e1s adecuados para desarrollar y mejorar estos talentos. Pero me temo que caemos por debajo de nuestros venerables predecesores, en el cultivo del car\u00e1cter moral y religioso de las mujeres, y en la preparaci\u00f3n para algunos de los deberes m\u00e1s \u00fatiles e importantes de su sexo. Cuando aprendemos generalmente a corregir este error; cuando ense\u00f1amos a nuestras hijas a estimar adecuadamente su verdadera dignidad, y a buscar diligentemente su verdadera felicidad; cuando las persuadimos a reflexionar, que la educaci\u00f3n consiste, no en la adquisici\u00f3n de artes deslumbrantes y meretrices; pero al prepararse para ser respetables y \u00fatiles como esposas, madres, miembros de la sociedad y cristianas, entonces, y s\u00f3lo entonces, podemos esperar ver elevado el car\u00e1cter moral de la sociedad, y la importancia real del sexo femenino estimada m\u00e1s justamente, y m\u00e1s debidamente honrada.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Perm\u00edtaseme aplicar este tema recomendando el car\u00e1cter que ha sido atra\u00eddo a la imitaci\u00f3n estudiosa de la parte femenina de mi audiencia, y especialmente de la clase m\u00e1s joven. Reducida en su extensi\u00f3n y d\u00e9bil en su contorno, como lo es el boceto que he tratado de exhibir, cr\u00e9ame, es digna de su atenci\u00f3n. Es un personaje que implica el m\u00e1s alto honor, y que abraza su propia recompensa. Por lo tanto, al recomendarlo a su imitaci\u00f3n, estoy abogando por la causa de su propia elevaci\u00f3n y felicidad, as\u00ed como por la causa de Dios y la causa de la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Mis j\u00f3venes amigas! Debe ser su ambici\u00f3n poseer y demostrar una s\u00f3lida comprensi\u00f3n y una porci\u00f3n respetable de conocimiento literario. Todo lo que se ha dicho sirve para mostrar que el cultivo del intelecto femenino es tan importante y tan necesario como la cultura intelectual del otro sexo. Pero deber\u00eda ser m\u00e1s especialmente su ambici\u00f3n, cultivar sus corazones. El Coraz\u00f3n, lo repito, el Coraz\u00f3n, santificado por la religi\u00f3n, calentado y ablandado por la benevolencia, y ense\u00f1ado a palpitar en respuesta afectuosa a cada suspiro de sufrimiento y a cada reclamo de la humanidad, este es el gran ornamento de la Mujer, este es el baluarte de la Mujer. Ser muchas Tabitas, adornando la doctrina de Dios, su Salvador, y difundiendo la felicidad entre todos los que las rodean, ser\u00eda infinitamente m\u00e1s para honor y consuelo de ustedes, incluso en la vida presente, que estar en la lista de esas mujeres masculinas que, aunque ganan una orgullosa preeminencia civil, realmente deshonran a su sexo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo tanto, cuando veo a una mujer joven dedicando su atenci\u00f3n suprema a los logros externos; absorta en el amor al ornamento y a la admiraci\u00f3n; aventur\u00e1ndose habitualmente, en obediencia a la moda, hasta el \u201climite mismo del decoro\u201d; nunca satisfecha sino cuando se prepara para el esplendor de una aparici\u00f3n p\u00fablica, o discute los m\u00e9ritos de una exhibici\u00f3n pasada, digo dentro de m\u00ed, la mano de alg\u00fan padre infatuado, o de alg\u00fan tutor incompetente o infiel, est\u00e1 aqu\u00ed. \u00a1Qu\u00e9 perversi\u00f3n de talentos! \u00a1Qu\u00e9 mala aplicaci\u00f3n de los esfuerzos! \u00a1Qu\u00e9 p\u00e9rdida de tiempo! \u00a1Qu\u00e9 dolor atesorar pena y l\u00e1grimas para la vida eterna! \u00a1Cu\u00e1nto m\u00e1s atractiva ser\u00eda esa hermosa forma, si se empleara en obras de caridad, y se la viera m\u00e1s frecuentemente inclinada sobre el lecho de la pobreza y el sufrimiento! \u00a1Cu\u00e1nto m\u00e1s hermoso ser\u00eda ese hermoso rostro, si habitualmente resplandeciera de benevolencia y piedad! \u00a1Y cu\u00e1n indeciblemente m\u00e1s feliz y m\u00e1s respetable era su poseedora, si el cultivo de su coraz\u00f3n y el empleo de su tiempo en principios evang\u00e9licos fueran el gran objeto de su atenci\u00f3n!<\/p>\n\n\n\n<p>3. Este tema puede emplearse con propiedad para alentar y animar a las que se dedican a las Asociaciones de Beneficencia Femeninas. Estas Asociaciones son un honor para sus fundadores y miembros, un honor para nuestra santa religi\u00f3n, un honor para todos los que contribuyen a su sostenimiento, y a\u00f1adir\u00e9 que el per\u00edodo que las vio nacer no puede dejar de ser considerado en lo sucesivo como una gran era en la historia del sexo femenino y de la humanidad. Cuando las mujeres se asocian de esta manera, y se emplean de esta manera, est\u00e1n actuando preeminentemente en car\u00e1cter. Se mueven en una esfera que es peculiarmente suya. Sus esfuerzos est\u00e1n calculados no s\u00f3lo para aliviar la angustia presente, sino para mejorar la condici\u00f3n de la sociedad, cultivar sus propios corazones y conferir bendiciones a las generaciones que a\u00fan no han nacido. Si se estimaran adecuadamente la tendencia y los beneficios de tales asociaciones, seguramente todas las mujeres tendr\u00edan la ambici\u00f3n de convertirse en miembros de ellas; y todo buen ciudadano considerar\u00eda, a la vez, como su privilegio y su obligaci\u00f3n, ser el amigo y el patrocinador de sus trabajos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Miembros de tales asociaciones! \u201cNo os cans\u00e9is de hacer el bien\u201d. Su tarea es ardua; pero es a\u00fan m\u00e1s deleitable, y \u201cde ninguna manera perder\u00e1 su recompensa\u201d, una recompensa m\u00e1s rica y m\u00e1s gloriosa que la corona de un conquistador. \u00a1Cu\u00e1n exquisito es el placer que acompa\u00f1a a un curso de esfuerzos ben\u00e9volos, y al presenciar sus frutos en la producci\u00f3n de la felicidad humana! \u00bfQu\u00e9 hay en todo el boato del Estado, en todas las satisfacciones de los sentidos, en todos los gozos delirantes de la disipaci\u00f3n vertiginosa, que pueda compararse con esto? \u00a1Oh placeres, comprados a bajo precio, disfrutados pl\u00e1cidamente! siempre en ascenso, siempre nuevo; Nunca l\u00e1nguido, nunca arrepentido, \u00bfpor qu\u00e9 eres perseguido tan raramente, y alcanzado por tan pocos?\u201d [Sermones ocasionales de Hunter, II. p. 140.]<\/p>\n\n\n\n<p>Para concluir, perm\u00edtanme decirles a todos: \u201cEl tiempo es corto, y la moda de este mundo pasa\u201d. Al igual que Dorcas, todos debemos enfermar y morir pronto. \u00bfEstamos habitualmente anticipando las solemnidades de esa hora? \u00bfEstamos dirigiendo diariamente nuestras b\u00fasquedas, empleando nuestra propiedad y enmarcando nuestras vidas, de manera amigable con esta anticipaci\u00f3n? \u00bfNos parecemos a la excelente Mujer, en cuyo ejemplo hemos estado meditando, tanto en nuestro car\u00e1cter y esperanzas, como en nuestra mortalidad? No podemos parecernos a ella, a menos que seamos disc\u00edpulos de verdad. Podemos \u201cdar todos nuestros bienes para alimentar a los pobres\u201d y \u201cquemar nuestros cuerpos\u201d, y sin embargo no ser m\u00e1s que \u201cun metal que resuena y un c\u00edmbalo que reti\u00f1e\u201d. Pero aquellas obras de caridad que brotan de una fe viva en un Redentor vivo; Aquellas obras de obediencia que se llevan a cabo por un principio de amor a su nombre, son \u201clas buenas obras y las limosnas\u201d, que dan lustre alrededor del lecho de muerte, y sobre las cuales, en una hora de muerte, podemos mirar hacia atr\u00e1s con santa satisfacci\u00f3n, con gozo celestial: no como el fundamento de nuestra confianza; no como el precio del perd\u00f3n; no como nuestro derecho a la vida eterna;\u2014no; la justicia de \u201cAquel que, por el Esp\u00edritu eterno, se ofreci\u00f3 a s\u00ed mismo sin mancha a Dios\u201d, es el \u00fanico fundamento de la esperanza de un pecador: sino como medio por el cual un Salvador divino nos ha permitido glorificar las riquezas de su gracia; como los frutos de su bendito Esp\u00edritu; como evidencias de una uni\u00f3n vital con su cuerpo; y como prenda de admisi\u00f3n a las glorias de su presencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Que Dios, que se ha declarado a s\u00ed mismo \u201cPadre de hu\u00e9rfanos y defensor de viudas, Es Dios en la morada de su santuario\u201d, nos llene a todos del esp\u00edritu y de los consuelos de sus hijos, nos permita imitar su santa benevolencia y nos prepare, a su debido tiempo, para su reino celestial. Y al Padre, al Hijo y al Esp\u00edritu Santo, un solo Dios, sea toda la alabanza, ahora y siempre. \u00a1Am\u00e9n!<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Sermon predicado en 1808 Por Samuel Miller, Pastor en la Iglesia Presbiteriana Unida de Nueva York.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hab\u00eda entonces en Jope una disc\u00edpula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hac\u00eda. Hechos 9:36. La historia sagrada difiere de la profana en una variedad de detalles importantes. Esta \u00faltima se emplea principalmente en exhibir las luchas de la ambici\u00f3n, los triunfos del poder y &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/micaias.org\/?p=237\" class=\"more-link\">Leer m\u00e1s<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEl deber y el adorno apropiados del sexo femenino\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[47],"tags":[],"class_list":["post-237","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-presbiterianos-historicos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/micaias.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/237","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/micaias.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/micaias.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/micaias.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/micaias.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=237"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/micaias.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/237\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":238,"href":"https:\/\/micaias.org\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/237\/revisions\/238"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/micaias.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=237"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/micaias.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=237"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/micaias.org\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=237"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}